CENIZAS CON SABOR A RON
Cenizas
con sabor a ron: la barra como escuela de vida
Detrás de una barra nunca hay un
simple oficio. Llevo más de 44 años al otro lado y lo sé bien: preparar un
cóctel o moldear con mis propias manos un vaso tiki de cerámica es construir un
refugio para quien llega buscando aliento tras un mal día. De esa certeza, y de
cuatro décadas escuchando en silencio las mejores y las peores historias
humanas, nace Domtiki.
Cenizas con sabor a ron es la segunda
entrega de la trilogía Domtiki, tras Un paraíso en Hawallolid. No es solo una
novela: es un viaje a las entrañas de la cultura tiki, a la historia secreta de
la coctelería tropical, a la estética de los años dorados de Hollywood y a esa
magia que solo se respira en la penumbra de un tiki bar de verdad. Un tributo a
la amistad, a la memoria y al arte de saber escuchar desde detrás de una barra.
Mucho más que
una sombrilla de papel
Para muchos, la cultura tiki se reduce
a un cóctel vistoso o a un fetiche de madera decorativo. Nada más lejos. Nació
en los años treinta en Estados Unidos, de la mano de pioneros como Don the
Beachcomber o Trader Vic, que crearon santuarios tropicales donde escapar de la
rutina y de la dureza del mundo exterior. Un tiki bar es ese lugar sagrado
donde las caretas caen, donde un desconocido puede convertirse en un hermano de
madrugada y donde siempre hay un hueco para quien necesita volver a empezar. En
Domtiki, el exotismo, el ron, el misterio y la nostalgia no son una estética:
son una filosofía humana y emocional.
El salto a la escritura llegó de forma
natural, de la necesidad urgente de que tantas vivencias no se borraran con el
tiempo. El bar dejó de ser solo un local para convertirse en un universo con
alma propia. Hoy libro y bar se retroalimentan: el bar es el escenario real y
el libro, la puerta de entrada a esa experiencia paradisiaca. En Hawallolid la
vida fluye como la lava, pero el papel es el único lugar donde los recuerdos no
caducan y la realidad puede tener, por fin, el final que siempre soñé.
La mayor
escuela de psicología, empatía y humildad
Trabajar en la hostelería, de cara al
público en la noche, es la mayor escuela de psicología, empatía y humildad que
existe. Detrás de una barra se aprende a leer las miradas antes de que la boca
hable, a gestionar el conflicto con una sonrisa o con firmeza, y a valorar el
respeto básico en las relaciones humanas. Tras cuatro décadas, lo tengo claro:
un «buenas tardes» dicho mirando a los ojos o un «por favor» dicho con ganas
valen infinitamente más que cien euros en la caja registradora.
El oficio también enseña el valor del
desapego. Son muchas las traiciones y decepciones que uno acumula con los años,
un desgaste sordo que, si te despistas, amenaza con volverte peor persona. Pero
ese filtro solo deja pasar lo auténtico: las amistades de verdad, las que hacen
que cada mala noche y cada herida merezcan la pena.
En Domtiki muestro la hostelería sin
edulcorantes ni clichés: la belleza de la camaradería y la magia de la noche,
pero también la crudeza, el cansancio y la lucha contra la falta de educación.
No somos simples servidores de tragos ni autómatas: somos creadores de
momentos, confidentes y guardianes de este digno oficio.
Un consejo para
los que empiezan
A los jóvenes que quieran emprender
les diría que no vendan su vida por proyectos vacíos y que solo se embarquen en
aquello que les despierte una pasión absoluta. Que no le teman al fracaso ni a
las cicatrices, porque los errores son los mejores consejeros que van a tener
en la vida. Que cuiden la honestidad, el respeto por el cliente y la
autenticidad. Si creas un espacio con alma, con verdad y sin trampa, tarde o
temprano la gente lo percibirá y se convertirá en su refugio.
Cenizas con sabor a ron ya está
disponible en Amazon. Y en la Ronería Tiki Domingo, en Valladolid, la historia
continúa cada noche, servida en un vaso tiki.
Artículo
basado en la entrevista de Sara Reinero publicada en Diario Siglo XXI el 1 de
octubre de 2026.
