La fortuna de vivir.


CENTERBE: El gigante verde de los Abruzos.

Existen espirituosos que no se toman por simple inercia ni para matar las horas muertas de la madrugada. Son brebajes que exigen respeto, elixires que arrastran la memoria de la montaña y el misterio de los viejos alambiques. El Centerbe es Uno de ellos: un gigante verde embotellado, un vestigio vivo de la herboristería tradicional europea que impone su ley desde el momento mismo en que roza el cristal.

Procedente de los Abruzos, en el corazón de Italia, su nombre no engaña a nadie: significa literalmente «cien hierbas» (cento erbe). Bajo sus treinta grados de alcohol se esconde una maceración de potencia descomunal. Nació en la calma de Los monasterios, donde los frailes combinaban la fe con la botánica para crear remedios digestivos y reconstituyentes. Para extraer sus aceites esenciales, sumergían en alcohol de alta graduación un arsenal silvestre: menta salvaje —la indiscutible reina del perfil—, tomillo, romero, salvia, mejorana, cítricos, Enebro, Canela, Clavo y Manzanilla. El resultado es un latigazo vegetal profundo que despierta hasta al más adormilado.

En el cine transalpino, esta bebida trasciende el catálogo para convertirse en símbolo de identidad familiar. Su aparición más rotunda se produce en La bestia en el corazón (Cristina Comencini, 2005). Tras una comida densa de tensiones no resueltas, el patriarca extrae de una alacena una botella sin etiqueta, rebosante de un líquido verde fosforescente. Cuando la protagonista da un sorbo, el impacto alcohólico y el golpe mentolado la hacen toser, desatando una Risa Liberadora. Esa copa no es un mero digestivo; es un catalizador que quema las reservas, rompe el hielo de los años y abre la puerta a la verdad.

En la penumbra de nuestra barra en Valladolid, entendemos la coctelería como un Puente. Por eso, al trabajar con el Centerbe, buscamos equilibrar su fiereza silvestre y el carácter italiano, con el picante mexicano y la cálidez de la tierra granaína.

 DIVERSOS. La receta Domtiki:

·        50 ml de Ron Pálido Montero: El embrujo de Motril.

·        15 ml de Licor de Chile Ancho Reyes: La Gracias del Chile.

·        15 ml de Licor Centerbe: La frescura de las hierbas.

·        10 ml de Amaretto Nordpol: El toque amargo de la almendra.

·        10 ml de Sirope de pimienta negra: La especia invitada.

·        25 ml de Zumo de lima fresca: El cítrico que equilibra el trago.

·        25 ml de Zumo de naranja. La fruta que lo refresca.

Agitar con energía, en una coctelera con hielo, los ingredientes y servir en vaso tiki sobre hielo picado. El Centerbe atraviesa la riqueza del ron y la calidez del chile, ensamblando un trago redondo y reconfortante.

Hay un secreto guardado entre los vasos tikis y la luz tenue que proyectan las lámparas en este rincón de Valladolid. Es el mismo secreto que Ray Buhen murmuraba en la penumbra del Tiki Ti mientras agitaba un cóctel tropical: los kilómetros son solo una ilusión cartográfica, existe un lugar donde el tiempo sabe frenar su marcha.

Cuando la Madera cruje y la puerta se abre para dejar pasar a los tuyos —a los de tu propia familia, a esos sobrinos que traen en la mirada el aire cálido y eterno de Granada—, algo mágico sucede detrás de la barra. El viejo reloj de taracea de la pared, que hace más de cuarenta años me regalaron sus padres, de pronto parece ahogarse en melaza y ron añejo.

Dicen las viejas leyendas del Pacífico que los navegantes polinesios no medían las distancias por leguas, sino por la fuerza de los lazos que los devolvían a la Playa. Podían pasar años cruzando océanos embravecidos, pero al pisar de nuevo la arena de su isla, el tiempo transcurrido en la ausencia se evaporaba al instantáneo.

Eso ocurre cada vez que Isa, Gabi, Marga y Mari Nieves cruzan el umbral de esta casa. Los kilómetros que separan el Genil del Pisuerga se disuelven en un golpe de golpe Coctelera. La prisa se queda afuera, mojada por la lluvia o disipada por el viento, mientras el afecto sereno —ese que permanece intacto porque está forjado en la sangre— llena los vasos hasta el borde.

En Las Gabias, la familia conformada por mis sobrinos, sus hijos, sus parejas y sus padres, Maraño e Isabel, han construido un entorno de lealtad y apoyo constante centrado en Francisco, el hijo de Marga. Aunque la sociedad lo catalogue bajo la etiqueta de la diversidad funcional, dentro de su hogar es considerado un pilar esencial y fundamental. Destaca especialmente la estrecha complicidad con su hermano Sergio, quien lo acompaña con total naturalidad, cariño e incondicionalidad, basando su relación en gestos cotidianos y bromas compartidas.

DIVERS.O. S es un proyecto de integración real y efectiva de jóvenes con NEAE en espacios de ocio municipal puesto en marcha por el ayuntamiento de Las Gabias. Durante el rodaje del cortometraje El abrazo que gana, nadie tuvo que ensayar nada frente a las cámaras. El lema «De DIVERS.O. S al Universo» no era una proclama vacía; era la extensión de lo que en aquella casa se llevaba practicando durante décadas. Durante las jornadas de grabación, las calles y plazas de Las Gabias dejaron de ser un mero escenario local para convertirse en una fiesta del talento joven, un oasis donde chicos con y sin diversidad funcional cruzaron la línea de los prejuicios para demostrar que la única Barrera Real es la indiferencia.

Allí estuvo toda la familia, volcándose activamente, sosteniendo los focos invisibles de la Ilusión. Y allí estuvieron Sergio y Francisco, convirtiendo cada plano, cada toma y cada risa tras los focos en un testimonio luminoso. El clímax del metraje —ese abrazo suspendido en el tiempo que le da título a la cinta— no fue una actuación cinematográfica. Fue la verdad desnuda. La plasmación de que, cuando el ser humano despoja sus miedos y estrecha la diferencia sin reservas, es el universo entero el que recupera su humanidad y gana la partida. Un homenaje eterno a la dignidad, al amor de hermanos y a la luz propia de quienes hacen del mundo un lugar habitable.

Levantemos las copas por la esperanza de volver a vernos pronto, por sentarnos juntos sin Prisa y por brindar, hoy y siempre, como se brinda en las buenas ocasiones. ¡Aloha!


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